Guillermo de Ockham

Guillermo de Ockham (1287-1347 E.C.) fue un influyente fraile franciscano, filósofo y teólogo inglés, reconocido como una de las figuras clave del pensamiento medieval tardío. Su desarrollo del nominalismo, su crítica a la escolástica tradicional y su principio de parsimonia, conocido como la "Navaja de Ockham", marcaron profundamente la filosofía, la epistemología y la ciencia moderna.

Contexto histórico

Ockham nació en Surrey, Inglaterra, y se unió a la orden franciscana a una edad temprana. Estudió en la Universidad de Oxford, donde se formó en filosofía y teología. Sin embargo, no completó su título de maestría, en parte debido a la controversia que sus ideas generaban en la Iglesia.

Su pensamiento se desarrolló en una época de crisis teológica y política dentro del cristianismo medieval, cuando las disputas entre la autoridad papal y los poderes seculares estaban en su punto álgido.

Pensamiento filosófico

Guillermo de Ockham fue uno de los mayores exponentes del nominalismo, una corriente que negaba la existencia de los universales como entidades reales. Para él, solo los individuos existen realmente, mientras que los conceptos generales son meras construcciones mentales.

Su principio más famoso, la "Navaja de Ockham", sostiene que "no se deben multiplicar los entes sin necesidad", lo que significa que, ante varias explicaciones posibles, la más sencilla es generalmente la mejor. Este principio influyó en el desarrollo del método científico, al fomentar la eliminación de hipótesis innecesarias.

En teología, defendió la separación entre fe y razón, argumentando que la existencia de Dios no puede ser demostrada filosóficamente, sino que es un asunto de fe. Su pensamiento lo llevó a rechazar algunas doctrinas escolásticas tradicionales, lo que generó conflictos con la Iglesia.

Conflicto con la Iglesia y exilio

En 1324, Ockham fue convocado a la corte papal en Aviñón, acusado de herejía por sus opiniones filosóficas. Durante su estancia allí, se involucró en una disputa política con el papa Juan XXII, a quien acusó de herejía por su postura sobre la pobreza franciscana.

Ante el riesgo de condena, huyó de Aviñón en 1328 y se refugió en la corte del emperador Luis IV de Baviera, quien se oponía al papa. Desde allí, Ockham escribió extensamente sobre la relación entre el poder espiritual y el temporal, defendiendo la autonomía de los gobernantes seculares frente a la autoridad papal.

Legado y relevancia filosófica

Guillermo de Ockham murió en 1347, probablemente a causa de la peste negra. Su legado perduró en la filosofía, la epistemología y la ciencia. Su rechazo de los universales influyó en el empirismo moderno y su énfasis en la parsimonia ayudó a establecer principios fundamentales para el desarrollo del método científico.

Además, sus escritos políticos contribuyeron a la idea de separación entre Iglesia y Estado, anticipando debates que serían centrales en la modernidad.

Hoy, Ockham es recordado como uno de los filósofos más influyentes del pensamiento medieval y como un precursor del pensamiento crítico y científico.